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Revista Canalempresa
CALIDAD
LA
CALIDAD EN LOS SERVICIOS BANCARIOS
La
aplicación de los conceptos de calidad a los servicios
bancarios, entendida como
satisfacción del cliente, puede llegar a ser un elemento
importante para la tesorería
de las empresas que, en estos momentos, se enfrentan a
unos retos que
cada vez resultan más difíciles de asumir: globalización,
fusiones, alianzas estratégicas, etc. Por ello, para
hacer frente al cambio, las organizaciones se ven
obligadas a rediseñar sus productos y servicios.
La
preocupación por la calidad en los servicios bancarios no
puede decirse que sea reciente, aunque sí se puede
afirmar que, hasta hace bien poco tiempo, se trataba de un
tema que no se generalizaba ni
estaba
sistematizado. Conceptos como satisfacción del cliente,
rigor en aplicar las condiciones pactadas o eliminar
errores repetitivos, se tenían en cuenta, pero
generalmente a requerimiento del cliente, que debía
revisar todas las operaciones.
La
generalización del cobro de comisiones por servicios en
las entidades financieras, que permite una más
justa asignación del coste de los servicios según quien
los use e independientemente del poder de
negociación del cliente, ha generado, por otra parte, una
mayor exigencia por la calidad. Esta exigencia
no sólo se basa en que la entidad financiera obtenga unas
certificaciones de calidad de sus procesos
sino también en:
-
Solución de las incidencias con rapidez
-
Eliminación de incidencias repetitivas
-
Nuevos sistemas de información útiles para el cliente y
no solamente para ahorrar coste a las entidades
financieras
-
Coordinación adecuada con las otras entidades para
solventar incidencias en los sistemas sin perjudicar a la
clientela.
En
este contexto, se espera que la función financiera sea
cada vez más rentable, aportando valor y convirtiéndose
en una función de soporte a los negocios. Tanto la
infraestructura como las actividades de la función
financiera son clave para el éxito a largo plazo del
negocio.
Para
hacer frente a esos retos, las compañías deben
plantearse las siguientes cuestiones:
-¿Cuál
es la rentabilidad actual y potencial de la función
financiera?
-¿Cuáles
son los factores determinantes de esos rendimientos?
-¿A
qué actividades dedica sus recursos la función
financiera?
En
otras palabras, la gran pregunta debería ser: La función
financiera o tesorería de la organización, ¿es
competitiva? . Y es que la tesorería, ahora, ya no puede
centrar únicamente sus actividades en el control de las
operaciones, sino que debe centrarse en generar
beneficios, gestionar riesgos, no solamente financieros
sino también comerciales, e incrementar el nivel tecnológico
para mejorar la gestión.
Actualmente,
la forma de entender la función financiera se ve afectada
por el nuevo entorno de cambio contínuo en el que nos
encontramos:
-
Mercados volátiles
-
Tendencia a organizaciones planas: Menos personas
dedicadas a la Función Financiera: Hacer más con menos
personal.
-
Obsesión por la creación de valor para los
“stake-holders” (accionistas, clientes, empleados...)
-
Cambio de mentalidad: Menor administración y más gestión.
-
La tesorería ya no es el policía, es el partner de las
divisiones operativas promoviendo la mejora continúa en
costes y calidad para hacer frente a la competencia.
Este
entorno lleva a las empresas a establecer políticas de
mejora de la organización y de los procesos y se ven
obligadas a una continua identificación de oportunidades,
esfuerzo en aplicar las mejores prácticas posibles en un
entorno de cultura empresarial de progreso permanente. En
este sentido, la tesorería será competitiva mientras sea
capaz de optimizar los recursos financieros para dar
“servicios”
-gestión de riesgos, asesoramiento en nuevos sistemas o
canales de relación con clientes y proveedores, etc.- de
calidad al resto de las unidades de negocio de la
organización.
De
esto se deriva que si la tesorería está actuando en ese
entorno, los proveedores de la tesorería deben
actuar también ofreciendo la calidad necesaria para
alcanzar esos objetivos. Ante esa demanda constante
de mayor número y mejores servicios bancarios, las
empresas necesitan evaluar
cuidadosamente
a las entidades financieras que eligen, no solamente en términos
de precios, sino también
en términos de lo que se refleja en recientes encuestas a
tesoreros, según las cuales, las cualidades
más apreciadas a la hora de seleccionar una u otra
entidad son:
1.
Eficiencia y calidad de los servicios
-
Bajo número de errores en pagos y extractos
-
Tiempo imprescindible para la ejecución de las
instrucciones de pago
-
Acotamiento de los plazos de pago
2.
Flexibilidad de adaptación y velocidad de respuesta a las
necesidades
3.
Precios competitivos
4.
Buen nivel de asistencia en banca electrónica
De
todo esto se deduce que, cuanto más eficiente y de mayor
calidad sea el servicio (ausencia de errores, información
de calidad...), más recursos podrá dedicar el tesorero a
cumplir con esos objetivos.
La
demanda de calidad
En
plena sociedad de la información, las entidades
financieras españolas son de las más evolucionadas
en cuanto a transacciones electrónicas y tratamiento
automático de la información. Sin embargo,
los usuarios desearían que esa posición de líder
tuviera su traslación al servicio que reciben en
el día a día, algo que se deduce de las cuestiones que
generalmente se plantean:
-
La calidad de los servicios financieros está dada. Las
entidades ofrecen unos servicios estándar y es
muy
difícil poder mejorarlos.
-
Las grandes empresas tienen más posibilidades de obtener
mejores servicios que las pequeñas y medianas.
-
Los bancos y las cajas de ahorro siempre han ofrecido
innovaciones y mejoras a sus clientes. Ahora no tiene
sentido cuestionar la calidad de sus servicios.
-
La medición de la calidad de los servicios financieros es
un problema de las propias entidades, que deben
interesarse en la satisfacción de sus clientes.
Es
obvio que las dos primeras cuestiones las plantean
empresas y las dos últimas les preocupan a los bancos y
cajas de ahorro.
Nos
encontramos en un momento en las entidades financieras se
preparan para obtener una calidad certificada
en ciertas líneas de los productos que ofrecen. El sector
ha llegado al convencimiento de que la variable estratégica
precio, es una ventaja competitiva vulnerable y fácilmente
imitable, la única.
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