ANTE LA CRISIS, INVERTIR EN
PERSONAS
El
contexto de crisis en el que se encuentra inmersa
nuestra economía y sus efectos sobre el entramado
empresarial son notorios. En estos momentos, estamos
despertando de una época de resultados y crecimiento
siempre ascendentes. Las dificultades que atraviesa la
empresa española obligan a reaccionar en aquellos
frentes que pueden ser más rentables para potenciar la
competitividad. Muchas son las voces que señalan el
factor humano como una de las claves para mejorar la
eficiencia, la eficacia y el valor añadido de las
organizaciones.
La potenciación del factor humano es esencial para que
la empresa resista la presión letal del encarecimiento
de las materias primas, la sequía crediticia o la
ralentización del consumo. La productividad del empleado
y su capacidad de generar valor se convierten en un
aspecto de competencia fundamental para las
organizaciones.
Hoy en España hay todavía demasiadas compañías con un
enfoque “clásico” de la organización, con un estilo de
dirección empresarial basado en roles estrictamente
delimitados. Los directivos toman las decisiones, los
trabajadores las ejecutan automáticamente y los
supervisores llevan el control y el mando. Sin embargo,
dicho enfoque deviene inoperante en un mundo de trabajo
de creciente competencia como el actual, donde se busca
que las empresas sean cada día más eficientes y eficaces
en su gestión para alcanzar mayor impacto económico y
social. Buena parte del éxito o fracaso de las empresas
españolas se sustenta en la calidad del capital humano y
su capacidad para mejorar e innovar.
La suposición de que los trabajadores sólo desean
“dinero” ha sufrido ataques cada vez más contundentes
entre los expertos. Actualmente, existe una tendencia
creciente de los empleados en querer desarrollar y
explorar sus habilidades y capacidades en el trabajo y
así favorecer su autoestima y autorrealización.
La empresa como escenario de las tareas productivas y,
por tanto, del aprendizaje tiene un papel educativo de
gran relevancia. La empresa se convierte en un espacio
que demanda y genera conocimientos de todo tipo:
conceptuales, de actitud, valorativos, de habilidades y
destrezas, entre otros. Este extraordinario campo de
experimentación y práctica que es la empresa debe
articularse para generar conocimiento útil y rentable y
no podemos desaprovechar como soporte las nuevas
herramientas que nos ofrecen las tecnologías de la
información y la comunicación (TIC).
Una fórmula basada en las TIC para potenciar el
aprendizaje del empleado es el e-learning o la
gestion del conocimiento.
Este sistema racionaliza el coste de la formación en la
empresa al requerir unos costes de infraestructura muy
inferiores a los de la formación tradicional. No en vano
es sintomático que el e-learning crezca en España a
ritmos anuales superiores al 20% con un volumen cercano
a los 50 millones de euros, un 12% del total dedicado a
formación en las empresas.
La formación mediante las TIC resiste cualquier análisis
coste-beneficio. Las aplicaciones y tecnología para
impartir la formación on-line progresan a velocidad de
vértigo y posibilitan cada vez más una enseñanza de
calidad sin la necesidad de la presencialidad. Con ello
se evitan costes asociados a la “infraestructura”, como
la reserva y mantenimiento de aulas o el apoyo
audiovisual, así como tampoco requiere la conciliación
de un número elevado de agendas y el trabajador no debe
alterar sus prioridades de trabajo, entre otros aspectos
problemáticos que la formación on-line resuelve.
Numerosos grupos internacionales de la automoción o los
grandes grupos bancarios españoles han incorporado estas
metodologías formativas a sus ingentes redes de
concesionarios y oficinas. Estas compañías han
encontrado en las TIC una solución para formar
simultáneamente a muchos más empleados, adaptándose al
ritmo de cada trabajador y sin alterar bruscamente su
quehacer diario.
Ante la crisis, se tiene que compatibilizar el control
del gasto y la necesidad de formar al empleado para que
su labor aporte mayor valor a la empresa. Las TIC
resuelven ambas prioridades. En la creatividad y la
capacidad de adoptar soluciones tecnológicas innovadoras
puede radicar el éxito de la empresa española para
convertir una información y conocimiento personales en
un conocimiento corporativo útil que incremente el
rendimiento empresarial y aumente la capacidad de
reaccionar frente a los cambios permanentes del entorno.
Las tecnologías de la información y la comunicación
serán el sustento básico para transmitir y generar el
conocimiento que cada persona debe saber buscar,
encontrar e incorporar en su trabajo. Las previsiones
son positivas ya que para el 2011 se pronostica que la
partida del presupuesto de formación destinado a la
formación on-line por las empresas españolas será del
35% del total, el doble que en la actualidad.
Una gestión de los recursos humanos que maximice sus
capacidades y potencie la mejora profesional es un
factor estratégico básico todavía pendiente para muchas
empresas españolas. En nuestro país, estamos demasiado
acostumbrados a que las reflexiones sobre productividad
queden en una mera reflexión teórica que adolece de una
falta de concreción.
Hay que introducir mecanismos formativos innovadores y
sustentados sobre los avances tecnológicos que impulsen
la productividad por empleado a un coste óptimo. Asumir
la necesidad de este salto cualitativo se convierte
ahora en un reto estratégico no sólo de las empresas
sino sobre todo del conjunto de la economía del país.